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La maldición de Chuky

Malévolo como el personaje, diseñó toda una estrategia; eso le costó medio siglo porque al primero que debía engañar ameritaba ese tiempo y hasta más; como todo un tramoyista, a través de sus columnas en un periódico gobiernista, fue vendiendo la imagen de hombre patriota con el que se identificaría a la postre su principal víctima. Como buen manzanillo que merodeaba el poder conciliando pequeños detalles, se fue metiendo en cada gobierno con su camaleónica vestimenta que siempre lo hacía lucir como protector de las causas perdidas. Así, con su cara de bobo, embobó al más bobo de la comarca que de bobalicón no tenía nada, pero que al fin y al cabo representaba al último bobito ubérrimo de nuestra perfecta democracia. Y digo perfecta, porque solamente en una democracia como la nuestra cabria un cómico, cínico y pueril que tras ofrendar su mente y corazón a una causa siniestra terminó siendo diestro, y al final un ambidiestro de siete suelas.

Según algunos expertos todo su proceso de resentimiento comenzó en la Naval en Cartagena. Su odio fue tan visceral que en una reunión muchos lo escucharon decir que solo descansaría el día en que viera a las Fuerzas Armadas derrotadas. No quiero ni imaginarme que fue lo que sucedió en el corralito de piedra como para llegar a tal extremo. Ojalá a ningún lector en su sospecha y su mala fe se le dé por relacionar ese hecho con un contraalmirante, sería una canallada. Total, al bendito contraalmirante le armaron un falso positivo, la especialidad de Chuky, y como todos saben, quien más lloró con la baja del militar fue la esposa de Chuky, algo que nadie podría comprender pero que el tiempo tarde o temprano revelará. Repito, ningún lector puede poner en duda la honorabilidad de la esposa de Chuky, sería una doble canallada.    

Sus proezas verbales contra un chamo embaucador  lo ascendieron a ministro de un gobierno que trabajaba, trabajaba y trabajaba y no cobraba. Cuando las cuentas se acumularon le pasaron al pueblo colombiano una factura que no pudo pagar. El ministro de los falsos positivos se volvió presidenciable y lo presentaron en sociedad como el salvador de la Nación. Apenas lo eligieron, recordó su siniestra y perversa ideología. Con su hermanito diseñaron la más ruin de las falacias para legitimar el narcotráfico. Cuando el patrón quiso reaccionar era tarde, ya el dedo del inquisidor había desvirgado su pobre dignidad; y no era cualquier dedo, porque al decir verdad todos los colombianos nos sentíamos violados a excepción del columnista de marras. Aquel dedo vergonzoso, coprológico, corrupto y politiquero, terminaría siendo el culpable de todas nuestras desgracias. Por eso hoy en día hay más colombianos con la dignidad por el suelo, porque simplemente no había contratos para tanta gente.

No contento con irse para la Habana a delinear la carta magna de la impunidad, enmermeló a lo más brutos del país lo que equivaldría a darle plata a un ignorante, tal vez el acto más peligroso que persona alguna pueda hacer; bueno, el diría si mi antiguo jefe le dio plata a los más inteligentes porque yo no puedo hacer lo contrario. Lo bueno de todo, es que muchos de esos inteligentes y brutos se han encontrado en las cárceles y han coincidido en que ellos no son ni lo uno ni lo otro. De todas formas, las Fuerzas Militares tras un proceso ruin, están desmoralizadas; ahora a Colombia le tocara cargar con el lastre de un inservible que compró un premio nobel para nada, porque la paz quedó como lo de Odebrecht, en veremos.