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El Coltán en Colombia, dinámicas hacia una nueva vorágine

Por Laura Camila Galvis Santacruz

En  Colombia  (conflictos,  droga  y  paz, 2009), la competencia por recursos naturales  escasos  y  la  gestión  no  sostenible de  los entornos  naturales  a  menudo  son causa de conflictos entre dos grandes tipos de intereses: por una  parte  el  interés de su explotación y de  los  beneficios materiales que ella significa para determinados grupos o personas (intereses individuales económicos y sociales) y por otra parte el interés de preservar el  medio ambiente y proteger la cultura de los pueblos que habitan en esos territorios (intereses colectivos ambientales  y culturales). La historia de Colombia presenta muchos ejemplos de estos conflictos de intereses,  que típicamente toman la forma de conflictos entre empresas (mineras, agroindustriales, forestales,  energéticas o de infraestructura) y comunidades locales que ven amenazadas las bases biológicas, físicas  y sociales de su existencia por grandes proyectos de inversión.

De este modo, el presente texto pretende observar y describir las relaciones técnicas y sociales que se  entretejen en  la explotación  y extracción de Coltán en Colombia; teniendo en cuenta diferentes  fenómenos  y  problemáticas  que  se producen con relación a lo político, económico, social y medioambiental  como  resultado  de dicha explotación, además de querer entender como entran en conflicto los distintos intereses entre los actores de la explotación del mineral, a raíz de las relaciones que se configuran por la extracción de Coltán, teniendo en cuenta los márgenes de legalidad e ilegalidad que plantea el estado colombiano en tanto a  la explotación  minera en  general. De esta manera, se pretende ver la relación y la participación que existe de la explotación insostenible y por tanto de los problemas ambientales, en la producción de los conflictos y las contradicciones planteadas anteriormente.

Dichos fenómenos y problemáticas, serán tratados desde una mirada mucho más coyuntural, tomando como fuentes distintos estudios y artículos de prensa que hacen referencia al problema desde una perspectiva  crítica. Partiendo desde la extracción del mineral en el Congo hasta la aparición de este mismo en Colombia, Venezuela y Bolivia; y así, identificar cada uno de los problemas que trajo y que trae consigo la indiscriminada, ilegal, insostenible y violenta explotación del Coltán en los distintos continentes.

A  raíz  del  auge  que  ha  tenido  la  explotación del Coltán,  aparece y se  configura una contradicción dialéctica a nivel ideológico en la medida en  que chocan  dos visiones  a  saber: la visión capitalista, en la que la naturaleza es el medio de extracción de recursos que se pro-cesan con el fin  de generar y extraer plusvalía y  la  visión  de  las  comunidades  étnicas,  cuyo objetivo es mantener  un equilibrio en los  procesos de  explotación y  extracción  de recursos, haciendo  de  este  un  proceso  sostenible  que cuide y mantenga una reserva de todo tipo de recurso; además de  entender  por  la  extracción de recursos la forma de sobrevivir y de mantener sus  condiciones materiales de vida.  Por  lo que se entiende que la raíz de la contradicción y el movimiento dialéctico está en la forma de utilizar los recursos y la visión que se tiene sobre los mismos, lo que se asocia directamente con la relación hombre naturaleza en cuanto a significación cultural y la reproducción de las condiciones materiales de vida. De  hecho,  con  el  desarrollo  del  auge  de  este fenómeno,  se  encuentran  distintas  denominaciones,  algo  simbólicas, de  este  mineral  como que el Coltán (Millera, 2006), es el nuevo maná, el  oro  gris,  el  petróleo  de  barro, es  decir,  un tesoro. 

Además  encontramos  algunas  compañías (Bayer, Ericsson, Hitachi, IBM, Intel, Nokia, Sony, Siemens,  Samsung) que hacen parte del aglomerado  grupo  que  se  lanzó  en  picado desde  hace  algunos años  sobre  el  Coltán,  trayendo consigo  bastas consecuencias  en  tanto a dimensiones sociales, políticas, económicas y ambientales. También,  entendemos  que  el  principal  pro-ductor de  Coltán es  la República  Democrática del  Congo  con  cerca  del  80%  de  las reservas mundiales estimadas; de igual manera, existen reservas probadas o en explotación en Brasil de un 5%, Tailandia con otro 5% y Australia, esta última  con  el  10%  de  las  reservas  mundiales estimadas.  Según  informes  de  agencias  inter-nacionales de prensa, la exportación de Coltán ha ayudado  a financiar  a  varios  bandos de  la Segunda Guerra  del  Congo, un  conflicto  que ha resultado con un balance aproximado de más de 5  millones  de  muertos. Ruanda y  Uganda están  actualmente  exportando  Coltán  robado del  Congo  a  occidente  (principalmente  a  los Estados Unidos), en donde se utiliza casi exclusivamente  en  la  fabricación  de  condensadores electrolíticos de tantalio. Es utilizado en casi la totalidad de dispositivos electrónicos: teléfonos móviles, GPS, satélites artificiales, armas teledirigidas,  televisores  de  plasma,  videoconsolas, ordenadores portátiles, PDA, MP3, MP4 etc.

Muchas de  las guerras  en la  zona (el  Congo) son por motivos étnicos, pero la ONU no duda en afirmar que este mineral estratégico financia las guerras y es una de sus causas principales. Por ejemplo, Uganda no tiene Coltán pero exportó en 1999 la cantidad  de 69,5 toneladas, ya  que  Ruanda,  mediante  el  tráfico  ilegal  de Coltán,  ha  ingresado  en sólo  18 meses,  8.300 millones  de  euros;  También  comercian  con otros  minerales  importantes,  como  casiterita, germanio.  Ambos  países  (Uganda,  Ruanda) cuentan desde  1997  con  el respaldo  de los  EE UU. El informe de la ONU es especialmente crítico con el Banco Mundial (BM), ya que no olvidemos que es un invento y ahijado suyo. El BM pondera de forma muy positiva en sus últimos informes  los  éxitos  económicos  de  Uganda, propuesto  desde  hace  15  años  como  modelo de  desarrollo  africano  por  EE  UU,  sin  que medie comentario alguno sobre el origen de la extraña  procedencia  de  sus  ingresos;  ni  una palabra sobre las lucrativas exportaciones de oro, diamantes y Coltán, a pesar de que es un país sin producción propia. La guerra que padece la República Democrática del  Congo  (Eco  Portal.net.,  2004)  tiene  como causa  la  depredación  de  metales  preciosos  y recursos  estratégicos;  con  ellos  se enriquecen unos  cuantos  y  se  financia  la  propia  guerra. Los culpables son muchos.

Según un grupo de expertos de  Naciones Unidas,  que elaboró  un informe  sobre la  guerra en  este  país,  el  Ejército Patriótico Ruandés (APR) ha montado una estructura ad hoc para  supervisar la actividad minera en  Congo y facilitar los contactos con los empresarios y clientes occidentales. Se han creado varias empresas  mixtas  entre los negociadores europeos del  Coltán y  miembros  del APR y del círculo de personas cercanas al presidente ruandés Paul Kagame. El  ejército  ruandés  traslada  en  camiones  el mineral  a  Kigali,  capital  de  Ruanda,  donde es  tratado  en las  instalaciones  de  la  Somirwa (Sociedad  Minera  de  Ruanda),  antes  de  ser exportado. Los últimos destinatarios  son  Esta-dos  Unidos,  Alemania,  Holanda,  Bélgica  y Kazajstán. La  compañía  Somigl  (Sociedad Minera de los Grandes Lagos),  tiene el  mono-polio en el sector; es una empresa mixta de tres sociedades:  Africom  (belga),  Promeco  (ruandesa) y Cogecom  (surafricana). Entrega  10 dólares  por  cada kilo  de  Coltán  exportado  al movimiento  rebelde  Reagrupación  Congoleña para la Democracia (RCD), que cuenta con unos 40.000  soldados,  apoyados  por  Ruanda.  “Con la venta de diamantes,  ha declarado el mismo Adolphe  Onusumba,  presidente  de  la  RCD: “ganábamos unos 200.000 dólares al mes; Con el Coltán llegamos a ganar más de un millón de dólares al mes”. En  la  zona  controlada  por  los  ugandeses,  ha señalado la periodista Marina Rini (importante periodista para  el desarrollo de la información e investigación  del  fenómeno  del  Coltán en  la República  Democrática  del  Congo)  después de visitar el noreste de la República Democrática  de  Congo, no  existe  monopolio.  Asegura que en  Butembo operan  seis grandes  compradores extranjeros, oficialmente en competencia entre  ellos.  Los  empleados  extranjeros,  aparte de un  ugandés, son  todos ex  soviéticos: rusos o kazakos tal vez. Sin revelar su identidad han confesado  a  Marina  Rini: “Vivíamos  desde hace varios  años  en Suráfrica  y  ahora hemos venido a comerciar con el Coltán”. A ellos les compra Kazajstán.

Informaciones reservadas de las Naciones Unidas revelan que el tráfico lo organiza la hija del presidente  kazako,  Nursultan Nazarbaev, a través de sociedades mixtas belgas. La hija de Nazarbaev está casada con Vassili Mette, director general  de  Ulba, la empresa kazaka que extrae y refina uranio, Coltán y otros minerales estratégicos. Al parecer, Salim  Saleh, hermano del presidente  ugandés, Yoweri Museveni, no está al margen de este floreciente negocio. Ésta es, a grandes rasgos, la sutil tela de araña de un negocio  internacional que está alimentando  una  guerra en el corazón de África y empobreciendo a los ciudadanos de uno de los países más ricos de la tierra. Pero hay más. El IPIS (Servicio de Información para la Paz Inter-nacional) ha realizado  un  minucioso  estudio sobre las vinculaciones de empresas occidentales con el Coltán y, por tanto, con la financiación de la guerra en la República Democrática de Congo. Los documentos reunidos por esta organización establecen que la compañía belga Cogecom sprl ha sido un socio clave en el monopolio instaurado por los rebeldes congoleños. Las transacciones entre Somigl y Cogecom supusieron 600.000 dólares para la RCD sólo en el mes de diciembre de 2000. Otras transacciones similares han tenido lugar entre Somigl y Cogear, una compañía con una dirección ficticia en Bélgica. Entre  otras investigaciones, existe una sobre las  actividades  del  grupo  alemán Masingiro GMBH, que revela tres transacciones comerciales realizadas entre  junio y septiembre de  2001 y que  cubrían la exportación de 75 toneladas de Coltán.

Las cantidades en  juego hacen pensar  que  el Coltán  exportado por  la compañía alemana procede de stocks acumulados por el monopolio de la RCD (la Somigl). Este Coltán ha sido enviado a Alemania a través del aeropuerto de Ostende y el puerto de Amberes por las compañías de transporte TMK (vinculada a la RCD), A.B.A.C y NV Steinvweg (Bélgica). El Coltán  estaba destinado sin duda a la fábrica de tratamiento de tántalo en manos de H.C. Starck, filial de Bayer y líder mundial en la materia. El hombre de negocios suizo Chris Huber parece jugar un papel primordial en la financiación del esfuerzo de guerra de Ruanda. La investigación demuestra que sus compañías Finmining y Raremet compran el Coltán de Rwanda Metals, una compañía que actúa en nombre del ejército ruandés y  lo revende a  la fábrica de transformación Ulba en  Kazajstán. Se sabe que existen transacciones entre Finmining y la compañía kazaka de fletes Ulba Aviakomapnia/Irtysh Avia para los envíos de Coltán de Kigali a Kazajstán. Chris Huber podría estar ligado a Victor  Bout,  un  conocido  traficante  de  armas, suministrador de diferentes grupos rebeldes  y armados en África.

De igual  manera,  entendemos él Coltán  como la principal causa del desencadenamiento de la última guerra en  el  Congo. Un  conflicto  que tiene su origen en agosto de 1998 y que terminaría oficialmente en 2003 y sobre el que Naciones  Unidas en su informe  S/2002/1146  de  16 de  octubre  de  2002  (cuatro  años  después  del inicio) dijo: “Para los más de 20 millones de personas que  viven en  las  cinco  provincias de la región oriental de la República Democrática del Congo, el número de defunciones directamente atribuibles a la ocupación de Ruanda y Uganda puede estimarse entre 3 y 3,5 millones de personas”. Más recientemente, en julio de 2004, el Internacional Rescue Committee estimaría en 3,8 millones el número de muertes atribuibles directa o  indirectamente a la guerra desde  el año 1998. Se señala que el mayor beneficiario del Coltán congoleño durante  la guerra fue Ruanda. Según informes de Human Right Watch, el Ejército regular, o bien alguna de las guerrillas que financiaba,  empleaba  prisioneros  hutus, así como a la población local, incluidos niños para la extracción del mineral en los yacimientos de aluvión que salpicaban el  área bajo su control.

Antes de que el mineral fuera transportado por carretera o avión a Ruanda habría pasado por cuatro o cinco comisionistas, generalmente miembros de alto rango del  Ejército o de alguna de las facciones guerrilleras.  Una vez en Ruanda, el mineral pasaba al departamento administrativo informal ‘Congo Desk’ y dos empresas: Rwanda Metals y Grands Lacs. La organización de Uganda en la extracción del Coltán, según informes de la ONU, era mucho menos sistemática y piramidal, y también esta-rían involucrados altos cargos del Ejército o de las  guerrillas financiadas,  entre  otros, por  un hermano del actual presidente de Uganda. A partir del año 2001 la  ONU había enviado a la  zona  un  ‘grupo  de  expertos’. Los informes por ellos elaborados proponían acabar  con la guerra la declaración de un embargo en la zona tanto de armas como de las importaciones y exportaciones de oro, diamante y Coltán sobre los países invasores. De la misma forma, proponían sancionar tanto a los países como a las empresas que incumplieran con el embargo. También  aconsejaba  una  congelación de los activos financieros de los movimientos rebeldes (aliados de los países invasores) y sus líderes y que se estableciera un proceso de certificación de origen del diamante, oro y Coltán.

Los innumerables informes de diversas ONG o de la propia ONU que iban saliendo a la luz, y que acusaban a Ruanda y Uganda del expo-lio de las riquezas minerales del Congo, permitieron una cierta presión internacional  y el establecimiento de listas negras de  empresas que operaban en la zona. Así 34 empresas (27 occidentales) fueron acusadas de importar Coltán y casiterita y se consiguió que la compañía aérea belga Sabena suspendiese  el transporte del mineral  que realizaba  desde Kigali  (capital de Ruanda) a Bruselas. Sin  embargo, otras rutas alternativas siguieron funcionando, y un considerable porcentaje del Coltán congoleño siguió saliendo  al  mercado camuflado como procedente de Brasil o Tailandia. Las medidas tomadas  resultaron  muy  poco efectivas  y  en el  Consejo  de  Seguridad no  se llegó  a  ningún  acuerdo  para  adoptar  otras más  influyentes. En realidad, ni el Gobierno de EE UU ni los de la Unión Europea mostraron una voluntad política real para acabar con el conflicto en detrimento de sus intereses particulares. Más bien al contrario: muchos países occidentales siguieron ayudando a Uganda y Ruanda tanto militarmente como a través de cuantiosas ‘ayudas al desarrollo’. Por ejemplo, la agencia  de ayuda  británica (DFID)  anunció en septiembre del año 2000 un préstamo de 95 millones de dólares sobre un periodo de tres años para ayudar al Gobierno ruandés.

Resulta paradójico y difícil de comprender cómo era necesaria una ayuda a países que poseían los suficientes recursos para  invadir a  su vecino. En este sentido, informes publicados por la ONU en abril de  2001 estimaban que el  gasto militar  de  Ruanda  en  municiones, abastecimiento y vuelos de su Ejército en el Congo rondaba los 60 millones de dólares al año, mientras otros informes también publicados por la ONU y  por comisiones independientes estimaban que en el año 2000  Ruanda  había  ganado  40 millones de dólares por diamantes, 15 millones por el oro  y 191  millones por  el Coltán,  todos extraídos  en  suelo  congoleño.  Uganda  habría ganado en sus  zonas bajo  control 1,8 millones por  diamantes, 105  millones por  el  oro  y  6,2 millones por el Coltán. Ruanda  y  Uganda  no  sólo  se  beneficiaron durante  el  periodo  de guerra  de  la  ayuda  de los países donantes, sino que parte de sus deudas externas  fue  cancelada  y además  fueron considerados como  modelos  de  desarrollo económico.  Por  otro  lado,  la  ayuda  militar también continuó durante el conflicto, y fueron firmados planes de cooperación entre EE UU y los  dos  países  africanos. 

Sorprendentemente, el acuerdo con  Ruanda llegó  después de  que una de sus guerrillas se tomara Bukavu, la capi-tal de Kivu Sur, entre mayo y junio del 2004. En una mirada  un  poco más nacional  sobre  el fenómeno, en un artículo publicado por semana (semana, 2009), encontramos la crítica que se le hace al gobierno colombiano y a la autoridades respectivas, sobre los yacimientos encontrados de Coltán,  argumentando  que mientras  Venezuela  militariza  estos  mismos, Colombia  los deja a merced de los contrabandistas; ya que se han empezado a evidenciar yacimientos de Coltán en la Orinoquía, especialmente en Vichada, Guainía y Vaupés, lo cual ha venido generando una ola de comerciantes, especuladores y grupos armados alrededor de un negocio que sólo en el 2009 movió más de 40 millones de dólares. Además,  desde  hace  unos  cuatro  años  este mineral está siendo extraído en varias regiones del oriente de Colombia para exportarlo a  comercializadores  internacionales; Tanto, que en meses anteriores  se  filtró la noticia de  que una empresa  había pedido a Ingeominas permiso para extraer un Coltán de excelente calidad en 35.000 hectáreas entre Vichada y Guainía; Otras cuatro licencias estaban en camino. Al igual, en Bolivia ya fue encontrado un yacimiento que será entregado en concesión. En Colombia,  industriales provenientes de la República Popular  China,  están tras  la búsqueda del mineral y ya tienen sus ojos puestos en probables yacimientos en el Vichada, especialmente en la producción de resguardos indígenas de la Orinoquía. Siguiendo la publicación, hace unos tres años un puñado de comerciantes llegó hasta zonas de Vichada y Guainía para promover la explotación de Coltán en regiones cercanas al Orinoco o sus afluentes. Como la minería de este material no está reglamentada en el país, los comerciantes se ampararon en registros falsos y en que parte de los yacimientos están en  resguardos indígenas para comprar y vender el producto. Mediante el barequeo en ríos y laderas recogen el  mineral,  que  después  es  sacado a Bogotá, donde una tonelada puede costar entre 40.000 y 60.000 dólares.

Algunos dijeron que los comerciantes tienen que pagar un impuesto de 2.000 a 2.500 dólares por tonelada a las autodefensas y la guerrilla que están en algunas de esas zonas. En efecto, en  Colombia  hay  un  gigantesco vacío  técnico  y  jurídico  frente  a  este  mineral.  Por un  lado,  Ingeominas  no  tiene  estudios confiables  ni suficientes que determinen las zonas productoras, el alcance básico de  las reservas  y  la  forma  como  se  debería  llevar a  cabo  su  extracción y el  pago de regalías  e impuestos. Al  ser  interrogados  sobre  estos temas por  SEMANA, los funcionarios de esa entidad estatal no dieron ninguna  respuesta. Por otra parte, según Luis Ignacio Ramos, abogado experto en el tema, como este mineral se recoge a cielo abierto, sin penetrar el subsuelo ni con un trabajo minero intenso, se puede alegar que es una minería de subsistencia,  que tiene  muchas  excepciones  legales. A esto  se suma que parte de la explotación actual se está haciendo en territorios indígenas, en los que los gobernadores tienen autonomía.

Desde  otra  perspectiva,  y  tomando  como fuente un estudio adelantado por la Universidad Nacional  (el nuevo  día,  2010),  se  pudo establecer que la presencia del Coltán  (oro azul) en Colombia no  es nada nueva.  Según la institución el elemento mineral ha pasado inadvertido en el país, razón  por la cual  ha facilitado su tráfico ilegal en varias zonas del territorio nacional. Los resultados se pudieron establecer después de que dos  estudiantes de la UN se trasladarán hasta Guainía de donde confirmaron que el Coltán había sido encontrado por los habitantes de la región desde años atrás y no desde el 2009, como  algunos lo  afirmaron. Además se evidenció que los indígenas del oriente colombiano están siendo explotados, ya que existen quienes pagan por el mineral cerca  de 20 mil pesos por Kg., siendo que  su precio, en carga, puede estar entre los 350 millones de pesos. Los minuciosos análisis geológicos adelantados en los laboratorios de la Universidad Nacional, con  asesoría del mineralogo alemán Thomas Cramer, advierten que se trata de minerales que contienen elementos químicos de la naturaleza como hierro y titanio, pero particularmente compuestos de tantalio y niobio.

Ante la posible presencia de organizaciones dedicadas a la explotación ilícita de Coltán en Colombia,  autoridades y representantes del sector político buscan prevenir que en el país se vivan las graves consecuencias que la extracción de esta  mezcla  de minerales  le trajo al  Congo (África),  con  cientos  de  miles  de  muertes  en medio de un conflicto  por  el control de sus yacimientos. En otro artículo publicado por la revista minera (2010) de la prensa venezolana, nos informan que a partir de  septiembre u  octubre, el Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominas) concesionará 10 millones de hectáreas de los  departamentos de Guainía,  Vichada  y Vaupés  para la  exploración a empresas mineras, locales y extranjeras. “Una vez tengamos los  estudios y la reserva especial del Estado, procederemos a iniciar las subastas  públicas”,  dijo  el  director  de  Ingeominas  en ese  entonces, Mario  Ballesteros. De esta manera,  Ingeominas pretende  determinar el real potencial que tiene este superconductor, muy apetecido por la industria electrónica. Los estudios geológicos fueron iniciados por el Gobierno en febrero, y Ballesteros dijo  que estarían terminados  en  septiembre  u  octubre, cuando se abriría una subasta para que empiecen  a ser  explorados. El funcionario dijo que se subastarán varios bloques, como lo hace la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) en los campos petroleros. “Se va a hacer una mine-ía  importante  hacia  septiembre  u  octubre  y vamos a hacer una subasta para que participen aquellos mineros y demás interesados”, agregó.

En  otra  perspectiva  y  queriendo  aterrizar  el problema, encontramos  estudios  sobre la  problemática que  se vive  en el  departamento del vichada, (Departamento con una  superficie de 98.970 km2, con  una población  de 96.138  Hab, y  tiene  como  capital  Puerto  Carreño,  el  cual cuenta  con  17.737  Hab.  Proyección  DANE 2005)  a  raíz  de  la  explotación  del  Coltán.  Es así,  que  en  un  artículo  publicado  por  una organización  del  pacifico con  ayuda del  DAS sobre la investigación y revisión de los títulos mineros otorgados,  vemos que “Las  autoridades han encontrado que en los últimos 20 años han salido de forma  ilegal por  la frontera  con Venezuela y con destino hacia Brasil toneladas de Coltán, donde los compradores les pagan a indígenas $10.000 por kilo o a manera de trueque los cambian por jabones y comida. Un gran negocio,  pues  se  calcula  que  una  tonelada  de Coltán  en  Bogotá  puede  costar  entre  US$40 y US$60  mil” (el  espectador, 2010). 

Es de esta forma que se evidencia la mediación de los brasileños en el comercio ilegal del Coltán, ya que son  ellos quienes ilegalmente se adentran en territorio colombiano para comercializarlo, dice el informe de inteligencia; además, indica que Puerto  Carreño es un punto de  tránsito para el  mineral que  ingresa desde  Venezuela con destino hacia Bogotá o el Pacífico, donde es exportado. Complementario a esto encontramos  que  la información de  primera  mano (que  es posible cotejar  con  la  encontrada  en  prensa  e  investigaciones  publicadas)  obtenida por medio de distintos actores que han llegado al laboratorio de fluorescencia  de rayos  X de  la Universidad Autónoma de Colombia de la sede de Bogotá, ha sido producto de la realización de distintos análisis de composición elemental de diversos minerales, siendo el Coltán el de  mayor solicitud. Dicha información, allí recogida, da cuenta de la vivencia de mineros, comerciantes y empresarios directa e indirectamente relacionados con la explotación, distribución y disponibilidad del Coltán en el mercado; así, permitiendo entender y explicitar más claramente las diferentes problemáticas y  relaciones  que se  configuran alrededor de la explotación  del mineral  y de  las  diversas  connotaciones para cada uno de los actores involucrados. De igual forma, también encontramos que en año  y  medio  el  auge  de  clientes  que  buscan analizar sus muestras de minerales ha sido alto, pero en el primer semestre del 2011 se ha visto una  reducción del interés por este mineral bastante sensible;  los clientes,  en  su  mayoría comerciantes,  ya  tienen  sus ojos puestos  en otros minerales con distintos elementos como tungsteno, estaño, hierro y titanio. Argumentan que por falta de reglamentación por parte del gobierno, y lo difícil de hacer legalmente la exploración,  explotación  y  comercialización, han venido volcando la mirada a otros  minerales en donde la ganancia es menor pero se pueden manejar mayores volúmenes y márgenes de seguridad. Algunos aseguran,  que la verdad es que el Coltán colombiano se está llevando ilegalmente por Venezuela y Brasil.

Conclusiones

Se  ha  planteado el  tema  del estado  actual  del Coltán en Colombia, con base en la contextualización y desarrollo histórico del fenómeno en los  distintos  continentes,  partiendo  desde  la república Democrática  del  Congo hasta  Venezuela,  Bolivia  y  Colombia;  y  la  interrelación existente entre  los mismos,  a partir  de la  aparición  de  las  distintas  problemáticas (sociales, políticas, económicas y ambientales) que emergen  como  resultado de  la insostenible  extracción y explotación  de Coltán. De esta manera, llegando a entender la magnitud del problema que acarrea la  aparición y existencia del fenómeno del mineral en nuestro  país, como una nueva vorágine, o dimensionar a Colombia, como el nuevo Congo suramericano (respecto a la guerra  producida por la  disputa de este nuevo “oro negro”).

Referencias

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