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Mincultura apoya Tradición Oral para la Vida

Sin duda alguna, el apoyo del Ministerio de Cultura, Programa Nacional de Concertación Cultural, ha sido determinante para consolidar un proceso de pertenencia que ha viajado por el país, pero que también ha concentrado su mayor esfuerzo en su cuna natural, Córdoba.

El 2020, año inédito para éste y la mayoría de los procesos, pasa de su exposición presencial de sus juglares y exponentes en vivo, a la difusión virtual que a través de las herramientas tecnológicas permite masificar los dejos bucólicos de Zafras, Vaquerías, Gritos de Monte, Cuentos y Décimas    

Veinte años han transcurrido desde que el investigador Miguel Angel Castilla Camargo comenzó a valorar y registrar la Tradición Oral de Córdoba hasta constituir el primer Corpus de la Tradición Oral de Colombia. Son dos décadas de investigación alternadas con la formación en la que el Ministerio de Cultura siempre ha estado presente. 

Tradición Oral para la Vida, es la suma de muchos eventos relacionados con la Tradición Oral de Córdoba, entre ellos, el Encuentro de Juglares con el concurso del ICFES, la Universidad del Sinú y El Parque Cultural del Caribe en el año 2000.

Luego sigue el Corpus fonográfico de la Tradición Oral constituido por los CD: Juglares de la Tradición Oral -2001-; Juglares de la Tradición Oral de Córdoba II -2005-; Semilleros de la Tradición Oral de Córdoba -2006-; Tradición Oral de Montería -2008- y el Compacto Fonográfico con el Juglar Marceliano Mejía Carmona realizado en 2011 con el apoyo del Ministerio de Cultura, la Gobernación de Córdoba y la Alcaldía de Montería.

Se suman a ello los talleres de Tradición Oral para la vida adelantados en el Programa Prensa Escuela del periódico El Meridiano de Córdoba, y los talleres de Tradición Oral para la Vida auspiciados por el Banco de la República  que se han proyectado a otras regiones del país.

Del 2016 al 2018 se capacitaron 500 estudiantes con el proyecto Tradición Oral para la Vida auspiciado por el Ministerio de Cultura en diez Instituciones Educativas en el Municipio de Montería. Se destaca desde el 2012 hasta el 2018 el Aprender jugando, un ejercicio lúdico que han ensayado nuestros juglares, los viejos rapsodas del campo que una vez fueron niños, que a través del disfrute de la palabra, de los sonidos, construyeron  y siguen construyendo espacios para la tolerancia y el respeto, tan necesarios para la convivencia. Por ello se enfatiza en los talleres la creación de cuartillas de forma improvisada.

A través de la exposición de exponentes de la tradición oral, se replica el ejercicio de los diferentes cantos ancestrales. El conocimiento de la lengua materna, se encuentra estrechamente ligada a su cultura, y una forma de preservarla es el hábito, la repetición y la exposición  como dialogo espontaneo para la formación.  Los valores, códigos, patrones de conducta, están inherentes en la creación, en la forma conceptual de interrelación social; al construir un género oral, no solo se elabora un tratado fonético expresivo, sino que se expone la defensa cultural de una región y se preservan conocimientos a través de elementos culturales que reafirman la identidad.

En todo el proceso de los talleres, enseñar teniendo como referente la tradición oral, sugiere conocimientos previos sobre la misma, orígenes, fundamentos, formas de construcción, estímulo a la investigación y formas creativas.

El concepto de repetir lo que escuchamos, como patrón universal de aprendizaje, representa introducir en el subconsciente formas bucólicas interpretativas, temáticas, gestos corporales, modulaciones, tonos y acentuaciones, que generan pertenencia y apropiación.

En 2019, mediante concertación con el Ministerio de Cultura, se viene trabajando con las Instituciones Educativas: Antonio Nariño, Normal Superior, José María Córdoba, Mercedes Abrego y Victoria Manzur.

En este nuevo periplo, liderado por la Fundación Castilla y el investigador Miguel Ángel Castilla, los estudiantes tienen la oportunidad de conocer lo más inherente a la zafra mortuoria y para ello ahondarán en los principales referentes de la tradición oral con exponentes e investigadores.

En las zonas rurales, según la cantadora María de los Santos Solipá, a mediados de 1900 los entierros se hacían con pisones que iban golpeando la tierra. Luego venia el duelo de las nueve noches donde se reunían los familiares y amigos a contar historias y a jugar cartas y dominó. Incluso la última noche iban músicos a despedir el alma del difunto.

En tal sentido, Roger Serpa Espinosa, afirma: «en algunos caseríos la presencia de esta especie de lamentos y de rituales durante la conquista, las identificamos en el “Tercer Canto” del libro Elegías de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos, en el viaje de Pedro de Heredia a la “provincia Cenú”».

Pudiera daros cuanta más menuda
De los lloros, areitos, borracheras,
Manera de llorar de la viuda,
Triste cantar de las endechaderas;
Pero basta lo dicho, pues sin duda
Son estas relaciones verdaderas;
Por tanto si buscáis prósperos dones
Anden listas las manos y azadones.

El canto de velorio como género de la tradición oral, no solamente aporta las primeras muestras humanísticas del ser caribeño, sino que introduce las primeras polifonías sentimentales al verso:

Ueu… Pregunto por ignorante
Uip, euj… Por ignorante pregunto
Ueu… Al muerto cuando se muere
Porque lo llaman difunto

El investigador Víctor Negrete Barrera, describe en el libro Relatos de nosotros los cordobeses: «Yo conozco, por los cuentos de viejos que he escuchado, que antes, cuando moría un niño, llegaba un grupo de cantores entonando este estribillo»:

Pío, pío, yo era gavilán,
Gavilán garrapatero
Tan chiquitico y embustero…
Señor gavilán, señor gavilán
De aquí no me voy, si no me lo dan.

También son conocidos los cantos de entierro de niños, muy comunes en América en los siglos XIX y XX. En San Andrés de Sotavento, en 1994, fue rescatado el siguiente verso:

El florón está en la mano
En la mano está el florón
Y se va el florón
Y se terminó el florón

En el Libro La música folklórica de Puerto Rico de Francisco López Cruz, encontramos:

El florón está en mis manos
En mis manos está el florón
Por allí pasó pero no lo vio
Salga la prenda quien la tendrá
Y el que lo tenga me lo dirá.

Así como la vida podría ser asociada a la diversión, con motivos para componer y cantar, la muerte también inspira a poetas y rapsodas. En el tomo IV del libro Historia doble de la costa de Fals Borda, en la página 128ª encontramos: 

Del hueso en la calavera
La coyuntura se esgonza;
Del oro en polvo en mi tierra
Venden quintales por onzas

Guillermo Valencia Salgado, expone en su libro Córdova, su gente, su folclor, las siguientes zafras:

El vivo cuando se muere
Se le canta la mangona
Se le echa tierra encima
Pa’que el gusano se lo coma
Lloraba la pobre viuda
La muerte de su marido
Y en el llanto preguntaba
Si el otro no había venido

Los cantos de velorio o zafra, los gritos de monte y luego los cantos de vaquería se erigen como la influencia autóctona de mayor importancia de los géneros orales existentes en Córdoba. Sus estribillos en forma de lamento, constituyen la música, que al complementarse con la interpretación a cappella del decimero, da origen a una nueva versión de la décima, en la que confluyen elementos americanos e hispanos.

La ausencia de la parte percutiva, la segregación racial, la mezcla étnica y las nuevas influencias urbanas, determinan el ciclo evolutivo de formas interpretativas de la tradición oral. Si bien los géneros orales son dinámicos, con esta tendencia pueden ser absorbidos por expresiones musicales fuertes con patrones de percusión bien definidos como en el caso de Plenas en Puerto Rico, Son Montuno en Cuba y el Vallenato en Colombia.

Cobra trascendencia en el departamento de Córdoba, la llegada de caballerías españolas como lo referencia Fals Borda en Historia doble de la costa, la labor pastoral de jesuitas desde los conventos de Balsillas (Tolú), y el arribo de familias ibéricas como los Petro, Pérez, Doria, Cantero, Galeano, Hernández, Tordecilla, Negrete, Lengua y López.  Como caso especial, hay que decir que a diferencia de otros departamentos de la Costa Atlántica, en Córdoba y muy particularmente en el medio y bajo Sinú, no tuvo aceptación el canto acentuado de las letanías, muy comunes en Bolívar, Atlántico y parte del Magdalena, que cuales plegarias jocosas utilizaban su música de origen dogmático para revivir hechos cotidianos. Tanto los gritos de monte como los cantos de vaquería, expresiones dominantes, conservan matices de los cantos fúnebres. Los cantos de vaquería son tan antiguos como las zafras. De eso da testimonio el Corpus compilado en el nuevo libro de Miguel Ángel Castilla, Tradición Oral: La Décima en Córdoba, Colombia  que saldrá al mercado en 2021. Todo el proceso, convierte este ejercicio investigativo de 20 años en el piloto nacional de la tradición oral del país, teniendo como principal estación natural el corregimiento de Sabananueva en el municipio de San Pelayo.