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Folclor para la Convivencia en medio de la pandemia

Contra todas las adversidades,  en la versión 2020, Folclor para la Convivencia, proyecto apoyado por el Ministerio de Cultura, Programa Nacional de Concertación Cultural, fue desarrollado por la Fundación Castilla en el corregimiento El Retiro de los Indios en el municipio de Cereté bajo la supervisión de la Universidad Pedagógica Nacional.  

A tono con la calamidad doméstica propiciada por el Covid 19, la ong adelantó  los diferentes procesos en una parcela arrendada bajo los protocolos de bioseguridad, enseñando a niños de la región a interpretar: gaita, tambora doble parche, tambor llamador, tambor alegre, composición y canto. 

Si bien las cifras de contagio en las zonas urbanas aledañas era motivo de preocupación,  la disciplina de los formadores, y  un equipo de logística riguroso, fue la carta de presentación para que los padres de familia dejaran ir a sus hijos a capacitarse.

Este proyecto que ya cumple 10 años, propende por la identidad y la pertenencia de la música folclórica del Caribe Colombiano.

Su rica historia se remonta a una década e logros.  Mediante la conformación de semilleros se  implementó y dotó de instrumentos desde 2010 con (gaitas, tambor alegre, tambor llamador, tambora doble parche, guache y maracas) – a jóvenes de los barrios Panzenú, La Gloria 1 y 2, y Furatena de la ciudad de Montería.

En el 2016, con el auspicio del Ministerio de Cultura se adelantó el proyecto Folclor para la Convivencia en las instituciones: Mogambo y Manuel Ruiz Álvarez al igual que el barrio La Gloria y el Biblioparque David Sánchez Juliao donde se capacitaron 250 jóvenes logrando la conformación de 10 grupos que mostraron su experiencia en la clausura realizada en el Biblioparque David Sánchez Juliao.

En el 2017 y 2018 con recursos propios se consolidaron los semilleros visitando las instituciones: Mogambo y Manuel Ruiz Álvarez al igual que el barrio La Gloria y el Biblioparque David Sánchez Juliao.

En 2019 se adelantó el proyecto en el área de influencia de los barrios: La Granja y P5, en la Instituciones Educativas: Antonia Santos, Colegio de Bachillerato Cecilia de Lleras, Institución Educativa Cristóbal Colón y la Institución Educativa María Goretti. En esta ocasión, además del aprendizaje de los instrumentos, se enfatizó en la composición de obras musicales por parte de los estudiantes.

En lo referente a lo pedagógico y cualitativo, la apropiación es lo más relevante y al igual que los músicos de antaño, los jóvenes involucrados en los procesos musicales asimilan y transmiten a la vieja usanza de aprender escuchando. La música folclórica enseñada se perpetúa por medio de la tradición oral; es colectiva, no existe en ella una distinción formal entre quien la compone, ejecuta y escucha; es vernácula es decir, nativa; es autóctona y tradicional, manifestándose continua y permanentemente.

Esta música, que es también una danza con sus variantes dependiendo del aire interpretado, expresa una historia, un sentir, un mensaje que reafirma identidad, un toque que preserva la música local, un manejo estético de cualificación sonora. El proceso de enseñar los ritmos del Caribe colombiano, especialmente Cumbia, Porro, Fandango, Bullerengue y Mapalé, representa la expresión de un proceso social amplio esencialmente mestizo que se compenetra con su gente y entorno. La sonoridad que logran los estudiantes deja concluir que su ejecución tiene la técnica raizal que propende por el buen manejo de la acústica. Todo ello es lo que ha permitido que se consolide un semillero folclórico que tiene como base en la actualidad diez instituciones que sirven de soporte a semilleros futuros y grupos independientes de comunidades donde esta iniciativa se ha venido proyectando.