Aglaé, la Reina del Porro
junio 10, 2021
Narcotráfico en el fútbol colombiano – El Rey de Copas (I)
junio 17, 2021

Muere el gran colombiano

Por Miguel Ángel Castilla Camargo

Fue un día etéreo, patético, melancólico y gris. Se había salvado del Covid. Sucumbió cuando nadie lo esperaba, de repente. No tuvo tiempo de llamar a Caracol ni RCN para darles la chiva. Noticias Uno a pesar de haber salido del aire, siguieron los pormenores por un espacio televisivo que les colaboró en su loable causa cuasi festiva. Se hicieron tres paros, uno pacífico con estudiantes becados, otro de profesores asegurados por sus esposas, y el sobrante de vándalos donde por poco creman gratis al finado.

Como en el apotegma, “cayendo el muerto reventando el llanto”, los primeros en revolcarse en sus tumbas, de regocijo, fueron Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Raúl Reyes y Alfonso Cano. Pobrecitos, los cuatro habían generado la prosperidad de una generación de generales de la República. ¡Qué degenerados!, incluida Teodora que prácticamente oficiaba de comandanta sin charreteras. La profecía de matarlo como fuera, se había cumplido. Lo más granado de las Cortes celebraron a rabiar porque ahora sus pensiones abultadas y vitalicias eran viables.

Según la historia clínica del súper colombiano, gozaba de lo lindo pero llevaba la procesión por dentro. Medicina Legal y la Fiscalía no quisieron hacer el levantamiento del cadáver por considerarlo una persona jurídica sin ánimo de lucro al que solo podría examinar un ente de alto turmequé como la Nasa que hace rato venía detrás de él como objeto de estudio. Si bien no tuvieron acceso al cuerpo, por  primera vez los galenos de la ley 100 se atrevieron a dictaminar que el chisme y la calumnia habían sido los culpables de tal infortunio. Al final, vino un carruaje de la Merkabá que le tocó aguantarse la cola de un paro de profesores que salieron de casualidad a protestar, luego que sus esposas les dieran permiso,  porque su eterno rival se había muerto un martes, apenas comenzando la semana con lunes de puente incluido.   

Ese día Fecode entró en receso de por vida; los organizadores de las pruebas Pisa eximieron a Colombia de los exámenes; “el niño de agro ingreso seguro” mandó a prestar una cabuya para irse con su magnánimo jefe como todo lazarillo y el cartel de la toga confesó sus pecados en la iglesia del 20 de julio. Colombia y el mundo no volvieron a ser los mismos; el ídolo se había ido dejando una profunda huella en la Izquierda extrema que al perder a su opositor natural entraron en una crisis de los santos óleos que los llevó a entregarse como corderitos a la Corte Penal Internacional donde curiosamente habían esperado por años a la contraparte.  

El grupo AVAL lo veló la primera noche hasta el amanecer cuando el sindicato Antioqueño tomó su custodia. Hasta los protagonistas de Avengers vinieron para llevarlo al tercer cielo pero Jorge Robledo por su condición vitalicia se opuso alegando que esto abriría una puerta para que se lo llevaran a él también. A la ONIC y sus cocaleros ancestrales les prohibieron la entrada por considerarlos aves de mal agüero en un momento en el que el alma del difunto se disponía tomar vuelo con rumbo desconocido. 

La coronavirus más bonita la mandó las Farc; era un arreglo en coca con flores de amapolas y en la parte de abajo, escondidas, se encontraba una docena de espinas; en el centro había inscritas en letras mayúscula la sigla MVM que nunca pudo saberse su significado pero que seguramente eran los mejores deseos del grupo insurgente quien le tenía un cariño especial, casi paternal como el del ELN.

Tal fue el impacto, que los grupos de extrema derecha se metieron al monte en un  cambuche de re-tiro para poder preparar a conciencia su próxima jugada. Y como todos andaban en la jugada, Macías encontró después de muchos años su título de bachiller y hasta al profesor que lo formó, que entre cosas nunca se había desempeñado en la docencia; la RAE quitó de su diccionario las palabras: disidencia y posconflicto, y se descubrió que en la Real Academia de la Lengua Española había un mamerto de oficio haciendo estragos idiomáticos, pagado entre otras por el eterno y humilde Iván Márquez que ahora aparecía en Forbes al lado de su amigote el paisa que gerenciaba una empresa de arepas alucinógenas en Ámsterdam. Mientras tanto, el imperdible Timochenko, con su carita de idiota, se pensionó vía express y alquiló de forma vitalicia las sillas vacías de sus camaradas en el Congreso luciendo ahora de protector de Aida Merlano que contradictoriamente andaba molesta con Dolcey Gutiérrez por ignorar la envergadura de su apellido.  

Era el fin del fin como lo había promulgado un filósofo vallenato; no era el cataclismo pero si el fin de un hombre que había aumentado el rating y las arcas de los Medios de comunicación que hasta en su final se fueron a vivir como carroñeros cerca a la finquita donde pasaron las siguientes nueve noches sin presentir que los fans del prócer cobrarían venganza matando a lo que no servía del periodismo. Ni sus colegas los lloraron porque de paso le hicieron un favor a la madre patria. Hasta se llegó a hablar de un falso positivo pero todos sabían que su negativismo los mataría tarde o temprano. Ese mismo día en un acto patriótico quemaron la sede de la JEP que de ahí en adelante se dedicó al préstamo gota a gota.

Petrosky fue quien más lo lloró y le agradeció el indulto y el regalo de las gotas de la eterna juventud que de nada le sirvieron porque las utilizó como ungüento en sus partes nobles; guardaba eso sí, un resentimiento contra quienes habían votado por una tercería. A la que si trastornó la partida del ubérrimo, fue a Clara López que con una mano atrás y la otra adelante recordó su pueril juventud proselitista de volteretas y triquiñuelas inocentes. 

De sus amigos entrañables, el único que no asistió al sepelio fue el ex procurador Ordoñez que se encontraba ocupado ese día con Los Iluminati que ya lo tenían postulado para presidente. Eran los mismos tipos que habían desechado por tibio al profe Fajardo en la primera vuelta. Como es sabido, Fajardo ganó en la segunda vuelta en varias ocasiones pero la Registraduría lo dejó de segundo para que no perdiera la costumbre.

A muchos su partida los transformó para bien, y otros mostraron lo peor de sí; el ex fiscal Montealegre se declaró impedido para llorar al finado, Abelardito de la Espriella grabó la opera del mondongo en Basurto, Adriana Lucía fue nombrada por no dejá, Vargas Lleras se mudó a media casa de interés social del Fiscal; Ingrid Betancourt le pidió la mano a Luis Eladio Pérez, los estudiantes vitalicios fueron graduados por ventanilla; Tomás y Jerónimo repartieron las tierritas de su papá como lo había vaticinado un pastor evangélico; lo mismo hizo el hijo de Aureliano con unos consoladores; el logotipo del América incluyó a una monja al lado del trinche, Santos devolvió la placa del premio nobel de paz pero se quedó con el billete; Diosdado y Tareck El Aissami tomaron la dirección del grupo terrorista ISIS tras la acrobacia de Saab; Maduro comenzó a manejar en su país de origen un bus de Transmilenio y Franco de Evita se posesionó de presidente de Venezuela; Martuchis montó su propio laboratorio, Patarroyo halló por casualidad una vacuna contra la viruela pasajera patrocinada por Bill Gates; a Moreno de Caro, aunque tarde, lo dejaron jugar; Amparo Grisales actualizó la cédula y la camándula de 88 bolas, y Rigo su trigésima subida a las Palmas con sus amigos y Carlota.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata homenajeó 10 años seguidos, claro está, después de muerto, al tres veces Rey Alfredo Gutiérrez; Vicky Dávila y Hassan se lanzaron abrazados del puente Pumarejo en un acto de reconcilio; Anita del Castillo le regaló al supra dirigente una “catapila”, Coronell se fue de farra a celebrar con Justo Pastor Perafán; el ex proxeneta de Soho hizo público su hobbie y montó un bar de putas en la 100 con 15, y el dúo payolero Sánchez & Bedout, se la dedicaron a la viuda por una cuenta de publicidad por pagar de su desaparecido esposo.

Después de aquella desgracia nacional, nadie se quiso casar con la mujer del Ñeñe, Comesaña se fue a vivir a la casa de Fuad, nuestra miss universo se comprometió con un pobre fotógrafo de dos megapíxeles, mientras la casi miss universo montó una fábrica de medias. Oh tiempos difíciles que Margarita Rosa se vio en la necesidad perentoria de grabar un disco canábico con el sobre recargado de Carlitos. El corito celestial lo comandó Claudia Elena.  

El presidente practicante de aquel entonces, nieto del finado, decretó ocho años de duelo –los mismos de su mandato- en el que se prohibió que los moto taxistas pitaran y que las mujeres del hermano país circularan libremente; desde ese momento las venezolanas fueron obligadas a usar velo para cubrir su rostro pero se les olvidó regular su vestuario para tapar sus esculturales cuerpos. Como es sabido, los moto taxistas no dejaron de pitar.  

Tras el vacío existencial de toda la sociedad, Piedad Córdoba viajó por el mundo informando la desaparición terrenal del último patriota, el Papa Francisco vino a Montería a casar al  padre Linero a orillas del río Sinú, a Camilo se le desarrolló la voz, Matador fue recluido en un manicomio, Sarmiento Angulo terminó viviendo en un cajero automático, Cepeda fue al odontólogo en compañía de Monsalve; Santrich cambio de identidad, vida, bufanda y fosas nasales; Paloma siguió como una paloma, cagándola; María Fernanda perdió sus cabales y Jose Félix en su desespero  para que no se le perdiera del todo, la marcó en una nalga con el antiguo hierro de Fedegan que aún conservaba desde los tiempos pretéritos de Fidelito; Jose Obdulio donó su biblioteca de pensadores del Poblado, Benedetti fue declarado sapo mayor, Fernando Londoño reintegró la platica de Invercolsa; a “Tutina” le hicieron una estatua en la Escuela Naval, Roy Barreras se metió a pastor evangélico y de pasó se convirtió en competencia para María Luisa Piraquive que en un acto de mea culpa devolvió los diezmos recaudados durante 50 años, dinero que alcanzó para pagar la deuda externa colombiana.

Gaviria, Pastrana y Samper se fueron a vivir juntos, y sus esposas en venganza recalaron en la ultra mansión de Claudia López y Angélica Lozano que en la parte trasera tenían ahora un negocio coprológico.

Ante el dolor, el sufrimiento y la congoja mundial, a la ONU, la guerrilla, los narcos y las 500 fundaciones de Derechos Humanos que tenían facultades intromisorias para ello, no les quedó otra que declarar al gran colombiano, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Menos mal era un homónimo. Nos cuentan que el susodicho está muerto, pero de la risa.