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Narcotráfico en el fútbol colombiano – El Rey de Copas (I)

Por Juan Felipe Mejía Morales

El caso del equipo más importante de la capital del departamento de Antioquia es bastante singular e inclusive simpático, porque aunque es casi una verdad tácita que Pablo Escobar Gaviria estuvo siempre ligado a Nacional por negocio y por afecto, no existe una prueba fehaciente que así lo indique. En alguna ocasión se le oyó a Escobar decir: “Me complace anunciar que hemos vinculado a los equipos Atlético Nacional e Independiente Medellín a esta noble campaña” (Ramos 1998, pág.118), pero nunca Escobar alcanzó la dirigencia del club aunque si se le acusaba de tener nexos fuertes con el presidente y mayor accionista del club, Hernán Botero Moreno, primer extraditado a los Estados Unidos y condenado por los delitos de narcotráfico y lavado de dólares, tal y como lo expone Jaramillo (2007): Una investigación de la Superintendencia de Control de Cambios de Colombia comprobó que los Botero Moreno, a través de la casa de cambios Inversiones Peinado Navarro y Cía., que funcionaba en el primer piso del Hotel Nutibara, lavaron, en Miami hacia Colombia unos 34 millones de dólares […] En Febrero de 1981 se impartió la primera orden de captura contra Hernán Botero, acusado de lavar 52 millones y de ser propietario de un cargamento de 1762 kilos de cocaína (pág. 115).

Con la silla vacía, el club pasó a manos de Hernán Mesa, quien dejaría al club en la ruina. Así pues, aparecería Octavio Piedrahita, dueño del deportivo Pereira, y de una firma fachada exportadora de confecciones en cuero, por donde el dirigente lavaba dólares. Curiosamente para el año de 1986, año de la consagración del equipo verde en Copa Libertadores, Piedrahita sería asesinado. Desde ese año se habló mucho de la vinculación de Pablo Escobar con la dirigencia de Nacional tanto así que en varias ocasiones se pudo ver a jugadores del equipo paisa saliendo y entrando al centro penitenciario en donde estaba recluido Escobar. De todas formas lo que si es cierto es que para Enero de 1989, Nacional es obligado por la Superintendencia de Control de Cambios a pagar una multa de sesenta millones de pesos por cambio y uso ilegal de dólares, ese mismo año sería cancelado el rentado nacional luego del asesinato del árbitro Álvaro Ortega Madero tras dirigir un partido en la ciudad de Medellín; asesinato que se le atribuye a Escobar (Galvis 2008).

Pablo Escobar, el más icónico de los mafiosos de nuestro país vivió y murió buscando el poder. El negocio del narcotráfico significó para Escobar mucho más que el dinero, las riquezas y la opulencia. Era el medio para un fin. Fue así como Escobar llegó al fútbol luego de que lo hicieran los hermanos Rodríguez Orejuela y “El Mexicano”, y no llegó precisamente por querer ver al equipo de sus amores campeón, ya que paradójicamente se dice que Pablo Escobar era hincha del Independiente Medellín. Pablo llegó al fútbol por que la estructura de oportunidad social se lo permitió. Pablo llegó al fútbol porque la población desfavorecida de las comunas de Medellín, fomentó el crecimiento de Pablo como la cabeza de un colectivo de malhechores que se hacían llamar el Cartel de Medellín. Pablo llegó al fútbol porque había visto como el Fútbol Profesional Colombiano le había dado réditos a sus enemigos y a sus amigos. Pablo fue la vertiente de un colectivo, y en ese orden de ideas, es importante entender que en este caso específico, a diferencia de los otros dos señalados anteriormente, el colectivo utilizó tácticas conflictivas, colectivas y reivindicativas. Fue colectivo todas las veces que inauguró canchas en las comunas más pobres bajo la batuta de “plan de gobierno” Medellín sin Tugurios; fue conflictivo cuando acabó con la vida de miles de personas inocentes con tal de enviar un mensaje netamente político que alterara las bases de la democracia nacional; y fue reivindicativo cuando negoció su entrega para lograr beneficios y una alteración de la legalidad del país. El accionar del colectivo y de Escobar Gaviria, fue supremamente calculador, y el fútbol, y más específicamente el Atlético Nacional, aparecieron como un as bajo la manga para el capo antioqueno. El costo, sin embargo, fue que a medida que el cartel de Medellín modificaba su accionar, Escobar reducía su campo de acción. Ya no había espacio para la protesta ni para la negociación, sí para la violencia y la insurgencia respaldada socialmente. Tal es el caso del torneo nacional del Fútbol Profesional Colombiano, que Escobar acabó tras asesinar al árbitro Álvaro Ortega luego de un partido Medellín vs. América. Según John Jairo Velásquez, alias Popeye, mano derecha de Pablo Escobar: “Ese día yo estaba al lado del patrón y América de Cali le ganó al Medellín con la mano del árbitro. Pablo quedó muy ofendido y le ordenó a ‘Choco’ que buscara al árbitro para matarlo” (Entel 2009). Aunque el hecho fue repudiado por las instituciones reguladores del fútbol profesional en el país, en el continente e inclusive en el mundo, el pueblo antioqueño, grandes apasionados por y del fútbol, apoyó la determinación criminal del colectivo mafioso, tanto así que “ese torneo, donde no hubo campeón, solo lo celebraron los hinchas de Nacional porque no lo ganaba América de Cali” (Media, G., 2007, p. 44).

La estructura de oportunidad cultural había consolidado a Pablo Escobar como un semidiós que dictaminaba los destinos del Fútbol Local. El más grande logro de Pablo Escobar como dirigente deportivo, por llamarlo de alguna manera, fue haber llevado al Atlético Nacional a coronarse campeón del torneo más importante de clubes a nivel continental: la Copa Libertadores de América. Pablo, a diferencia de los Rodríguez Orejuela no se preocupó por traer grandes nombres, sino que más bien abogó por juntar grandes jugadores colombianos. Entre ellos: Leonel Álvarez, “Chonto” Herrera, y Rene Higuita (Peláez 1994). Esto tiene una razón de ser, y no es precisamente el que a Pablo Escobar lo inundara un inmenso patriotismo. El Cartel definió cuales eran los intereses y luego se organizó y se movilizó para aferrarse a esa oportunidad como el camino a la consolidación de un proyecto de cambio. La estructura de oportunidad que ayudó a Pablo Escobar y a su cartel a convertirse en colectivo motor de transformación, limitó el control estatal, tanto así que Escobar logró influir de manera directa en las decisiones políticas de las instituciones estatales colombianas.

En otro orden de ideas, a Pablo y al cartel de Medellín también les favoreció  que tenía que ver con la rentabilidad del deporte y con las prácticas de mercado dentro del Fútbol Profesional de Colombia. A finales de la década de los ochenta la Dimayor, en pos de darle solución a la difícil situación de los clubes permitió que los mismos tuvieran patrocinio de la empresa privada, y que sólo pudieran alinear a cuatro extranjeros en sus equipos inicialistas tal y como lo dice Jaime Herrera (2008, pág.44). Es aquí donde Pablo Escobar consolidó su negocio. A través de empresas fachadas, Escobar empezó a inundar a modo de “patrocinio benéfico” al equipo verde de Antioquia. Como todavía el deporte en Colombia no se pensaba como un negocio, que debía tener regulación estatutaria, crearon vulnerabilidades que Escobar aprovechó: Las abundantes transacciones por la droga en Colombia llenaron bodegas de dinero y la única forma de librarse la encontraron en el fútbol, la venta de boletería y la contratación de jugadores fue clave en el lavado de dinero que se vivió durante la época de los ochenta, donde Escobar fue uno de los que más aprovechó la situación ya que su dinero se destinó para los dos equipos de la ciudad y la gente llegaba a los estadios gracias a su aporte (Colorado 2013, párr.5).

Sin embargo, fue tanto el nivel de opulencia que la sociedad vio comprometido su espacio de movilización proactiva, y como ya se sabe esta fue una de las razones principales por las cuales Pablo dejó de pensar en los aspectos sociales que hacían parte de su discurso, y empezó a transformar la conducta de su cartel. A esto se le sumó que la visibilización del colectivo cerró tajantemente las estructuras de oportunidades para el mismo. Al capo y a su cartel, se le empezó a reconocer tanto a nivel internacional como nacionalmente, tanto así que el presidente del Milán, Silvio Berlusconi, para la final intercontinental de 1990 dijo que el “Milán jugará contra nacional y ganará para derrotar la parte sucia del mundo”. El espectro de acción del colectivo ahora era más grande y por lo tanto la dinámica social también. El cartel empezó a desvanecerse como colectivo y la vulnerabilidad del Estado que inicialmente le había generado espacios de acción a Pablo, no era tal. En suma, a Pablo, el Atlético Nacional le significó una manera de hacerle frente al Estado. El consolidarse como máximo “accionista” dentro de un ícono nacional, fue un desafió y significó un costo político para el gobierno nacional. Pablo y el cartel crearon perplejidad e inseguridad en la población de Colombia, en las autoridades y en la fuerza pública, a partir de actos vandálicos y violentos. Paradójicamente también fomentaron el respaldo y el aval de la sociedad más vulnerable que le expresó gratitud y que le dio en retorno beneficios no cuantificables. Pablo fue compendio de los tres elementos que propone Tarrow: violento, convencional y disruptivo.